Cuento: CONDUCTA EN LOS VELORIOS | Julio Cortázar

No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les…

Cuento: LA CIUDAD DE LOS MUERTOS  |  Kahlil Gibrán

Ayer me aparté de la bulliciosa muchedumbre y me interné en los campos, hasta una colina sobre la que la Naturaleza había desplegado sus atractivas galas. Ahora sí podía respirar. Miré hacia atrás, y la ciudad surgió ante mí con sus magníficas mezquitas y suntuosas residencias, velada por el humo de las fábricas. Comencé a…

AUSENCIA DE DIOS | Mario Benedetti

Digamos que te alejas definitivamente hacia el pozo de olvido que prefieres, pero la mejor parte de tu espacio, en realidad la única constante de tu espacio, quedará para siempre en mí, doliente, persuadida, frustrada, silenciosa, quedará en mí tu corazón inerte y sustancial, tu corazón de una promesa única en mí que estoy enteramente…

Cuento: MIL GRULLAS | Elsa Bornemann

Naomi Watanabe y Toshiro Ueda creían que el mundo era nuevo. Como todos los chicos. Porque ellos eran nuevos en el mundo. También, como todos los chicos. Pero el mundo era ya muy viejo entonces, en el año 1945, y otra vez estaba en guerra. Naomi y Toshiro no entendían muy bien qué era lo…

LA VOLUNTAD DE DIOS | Emmet Fox

La cosa más maravillosa del mundo es la Voluntad de Dios. La Voluntad de Dios para ti en el momento presente, es algo glorioso y hermoso, apasionadamente interesante y gozoso, y de hecho, mucho mejor que cualquier cosa por la cual podrías sentarte y esperar con tu mente consiente. Es una desgracia que tantas personas,…

Cuento: LA PARTIDA  |  Leónidas Barletta

Trajeron agua del río, y se lavó, despacio. —Mire, Adelina, deme una camisa limpia —dijo con voz ahogada—, quiero irme decente. La mujer le anudó el pañuelo al cuello y le peinó el cabello largo alrededor de las orejas. —Bueno; me voy —dijo con una exaltación ahogada—. Tráigame el rebenque grande, ¿quiere? Los ojos, chiquitos,…