LA VIDA Y LA MUERTE NO ESTÁN SEPARADAS | Jiddu Krishnamurti

La muerte debe ser algo extraordinario, como lo es la vida.

La vida es algo total.

El dolor, la pena, la angustia, la alegría, las ideas absurdas, la posesión, la envidia, el amor, la dolorosa desdicha de la soledad… todo eso es la vida.

Y para comprender la muerte tenemos que comprender la totalidad de la vida, no tomar solo un fragmento de ella y vivir con ese fragmento, como lo hace la mayoría de nosotros.

En la comprensión misma de la vida está la comprensión de la muerte, porque ambas no están separadas. […]

¿Cómo vamos a comprender esta cosa que llamamos muerte y que tanto nos atemoriza?

El hombre ha creado muchos medios errados de tratar con la muerte: adorándola, negándola, aferrándose a innumerables creencias y demás.

Pero para comprender la muerte ustedes tienen que abordarla de un modo nuevo, sin conocimiento previo alguno, porque en realidad no saben nada acerca de la muerte, ¿verdad?

Pueden haber visto morir a otros, y han observado en sí mismos y en los demás la llegada de la vejez con su deterioro. Saben que la vida física se termina por edad avanzada, por accidente, por enfermedad, por asesinato o suicidio, pero no conocen la muerte como conocen el sexo, el hambre, la crueldad, la brutalidad.

No conocen de hecho lo que es morir y, hasta que ello les sucede, la muerte no tiene en absoluto significado alguno.

Lo que les causa temor es una abstracción, algo que no conocen. No conociendo la plenitud de la muerte o cuáles son sus implicaciones, la mente la teme; teme el pensamiento, no el hecho que ella desconoce.

Si murieran instantáneamente, no habría tiempo para pensar en la muerte y tenerle miedo.

Pero hay un intervalo entre el presente y el momento en que la muerte habrá de llegar, y durante ese intervalo tienen tiempo en abundancia para preocuparse, para racionalizar.

Quieren llevarse a la próxima vida —si es que hay una próxima vida— todas las ansiedades, los deseos, el conocimiento que han acumulado; por eso inventan teorías o creen en alguna forma de inmortalidad. Para ustedes, la muerte es algo separado de la vida.

La muerte está por allá, lejos, mientras ustedes están aquí ocupados con el vivir -conduciendo un automóvil, ejerciendo el sexo, sintiendo hambre, atormentándose, yendo a la oficina, acumulando conocimientos, etc. No quieren morir, porque no han terminado de escribir su libro, o porque todavía no han aprendido cómo tocar muy bellamente el violín.

Separan, pues, la muerte de la vida y dicen:

«comprenderé la vida ahora, y pronto comprenderé la muerte».

Pero ambas no están separadas,

y eso es lo primero que deben entender.

La vida y la muerte son una sola cosa;

están íntimamente relacionadas y no es posible aislar a una de ellas,

y tratar de comprenderla aparte de la otra

[…] cuando la mente, a causa de su temor, pone a la muerte lejos y la separa del diario vivir, esa separación sólo engendra más temor, más ansiedad y la multiplicación de teorías acerca de la muerte. Para comprender la muerte, tienen ustedes que comprender la vida.

Pero la vida no es la continuidad del pensamiento; esta misma continuidad es la que engendra toda nuestra desdicha.

¿Puede, pues, la mente traer a la muerte desde lo distante a lo inmediato?

De hecho, la muerte no está en alguna parte lejos de aquí; está aquí y ahora.

Está aquí cuando hablamos, cuando nos divertimos, cuando escuchamos, cuando vamos a la oficina. Está aquí en cada instante de la vida, como lo está el amor.

Una vez que perciban ese hecho, encontrarán que no temen en absoluto la muerte.

Uno tiene miedo, no a lo desconocido, sino a perder lo conocido.

Teme perder a su familia, teme quedarse solo sin compañía alguna; le tiene miedo al dolor de la soledad, a quedarse sin experiencias, a perder las posesiones que ha acumulado.

Lo que tememos es abandonar lo conocido. Lo conocido es la memoria, y a esa memoria se aferra la mente. Pero la memoria es sólo una cosa mecánica, como lo están demostrando magníficamente las computadoras.

Para comprender la belleza de la muerte y su naturaleza extraordinaria tiene que haber libertad con respecto a lo conocido.

En el morir para lo conocido está el principio de la comprensión de la muerte, porque entonces la mente se purifica, se renueva y no hay temor. Por lo tanto, uno puede penetrar en ese estado llamado muerte.

Así que, de principio a fin, la vida y la muerte son una sola cosa.

¬Jiddu Krishnamurti

Libro: Sobre la Vida y la Muerte – Fragmento

Photo by Ralph Bolliger /Unsplash

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