ENFRENTAR LA REALIDAD DE LA MUERTE | Djwhal Khul

Se necesita valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para formular en forma muy definida nuestras creencias sobre el tema.

La muerte es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad y, sin embargo, la mayoría de los seres humanos se rehúsa a considerarlo, hasta que lo enfrenta de modo inminente y personal.

Las personas enfrentan la muerte de muy diversas maneras; algunas con un sentimiento de autocompasión, se hallan tan preocupadas por lo que dejan, por lo que termina para ellas, por el hecho de abandonar todo lo que acumularon en la vida, que el verdadero significado del futuro inevitable no les llama la atención.

Otras la enfrentan con valor y encaran lo inevitable, miran la muerte con osadía, porque no pueden hacer nada más. Su orgullo los ayuda a salir al paso del acontecimiento. Aún otros rehúsan considerar en absoluto esa posibilidad. Se auto hipnotizan hasta llegar a un estado donde el pensamiento de la muerte es rechazado por la conciencia, que no lo considera posible, de modo que cuando llega, los toma de sorpresa; están inermes y lo único que pueden hacer es sencillamente morir.

La actitud cristiana, por lo general, es más precisa en su aceptación de la voluntad de Dios, adoptando la resolución de considerar el acontecimiento como lo mejor que pudiera ocurrir, aun cuando no lo parezca desde el ángulo del medio ambiente y las circunstancias. La firme creencia en Dios y Su propósito predestinado para el individuo, lleva a pasar triunfalmente por los portales de la muerte, pero si se les dijera que ésta es simplemente otra forma del fatalismo del pensador oriental, y una creencia fija en un destino inalterable, lo considerarían falso. Los que así piensan se escudan tras el nombre de Dios.

Sin embargo, la muerte puede ser más que todas esas cosas y enfrentada de distintas maneras. Puede tener cabida definida en la vida y en el pensamiento, y podemos prepararnos para ella como algo inevitable, pero simplemente es el Originador de cambios. De este modo haremos del proceso de la muerte una parte planeada de todo nuestro propósito de vida.

Podemos vivir teniendo conciencia de la inmortalidad, lo que agregará colorido y belleza a nuestra vida; podemos fomentar la conciencia de nuestra futura transición y vivir con la esperanza de su prodigio. La muerte así encarada, considerada como un preludio para una ulterior experiencia viviente, cobra un significado distinto.

Se transforma en experiencia mística, una forma de iniciación, que alcanza el punto culminante en la crucifixión. Todas las anteriores renunciaciones menores nos preparan para la gran renunciación; todas las anteriores muertes sólo son el preludio del estupendo episodio de morir.

La muerte nos trae la liberación temporaria de la naturaleza corporal, de la existencia en el plano físico y de la experiencia visible, que quizás con el tiempo será permanente. Constituirá la liberación de toda limitación, y aunque creamos (como lo hacen millones de seres) que la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación de experiencia, o el fin de toda experiencia (como sostienen otros tantos millones), no puede negarse el hecho de que la muerte indica una transición definida de un estado de conciencia a otro.

Djwhal Khul (Alice Bailey)

Libro: La muerte: Una gran aventura

Photo by Pexels

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