SOLTAR PARA RECIBIR | Patricia Anaya

El cambio siempre tiene pinta de oportunidad si elijo observarlo desde una perspectiva evolutiva, pero esto no siempre lo concibo así. A veces, los filtros de mis creencias y emociones provocan que me resulte compleja, dolorosa o confusa la mudanza necesaria para dejar atrás lo que llegó ya a su final, y dar un paso hacia lo nuevo que está urgido por iniciar.

En este tránsito, «claridad» es para mí una palabra clave.

Soltar lo viejo para recibir lo nuevo me resulta más sencillo cuando me doy cuenta; cuando decido ver; cuando expando mi conciencia y permito que la Luz me inunde y alumbre mis áreas oscuras, mi sombra, lo que usualmente no quiero ver.

«Desapego» es otra palabra clave.

Por condicionamientos de índole familiar, social, religioso, cultural, etc., en el curso de mi vida he aprendido a sentirme segura a partir de tener lo que creo que me pertenece; pero la realidad es todo lo que hay en mi vida está listo para acompañarme un tramo del camino, pero solo un tramo, porque nada me pertenece.

Más temprano que tarde tengo que separarme, renunciar, soltar, dejar ir con gratitud; como lo hace de manera natural el árbol que ayudado por el viento de otoño se despide de las hojas que ya necesita tener más en sí o como lo hace la oruga para convertirse en una bella y radiante mariposa.

Mi propia respiración es un ejemplo contundente de la impermanencia. Segundo a segundo tengo que soltar aire al exhalar, para que pueda recibir aire al inhalar. No pude ser de otra forma.

Realizar el tránsito entre lo viejo y lo nuevo puede resultarme emocionante a veces, y en otras me produce miedo; pero, sea como sea, es preciso.

Cuando me resisto al flujo intrínseco de la vida se gesta un sufrimiento que permanece hasta que al fin suelto, y dejo ir lo que ya no me es útil para vivir de manera más sana, más feliz, con más amor y compasión genuina, en prosperidad y abundancia; acercándome a paso seguro a ser quien en Esencia Yo Soy.

Mi tiempo cósmico aquí en el Planeta es corto, pero intenso e interesante, y cada milésima de segundo todo está puesto para propiciar mi salto cuántico hacia la expansión de mi consciencia, hacia mi evolución integral.

No hay receso ni tampoco puedo dejarlo para después.  

Mi tiempo en este Planeta es finito; y, por ello, es el mayor tesoro que poseo.

Tengo que avanzar sí o sí; siendo consciente de lo que paso a paso estoy co-creando y observando cómo se manifiesta en mi interior y en mi entorno; aprendiendo; disfrutando; resolviendo lo que se presenta al momento; sanando las memorias ancestrales que me surgen; y no permitiéndome ser obstaculizada por mis propias emociones y creencias limitantes, recientes o de antaño.

Soltar y dejar ir lo viejo para recibir lo nuevo es siempre más sencillo y más enriquecedor cuando me recuerdo a cada instante:

Nada me pertenece,

solamente puedo abrazar con amor y gratitud

 lo que me acompaña temporalmente.

*

Nada es permanente,

solamente me pertenezco,

solamente me pertenece lo es mi Ser Esencial,

que es Eterno,

que es Uno con el Todo.

*

¬Patricia Anaya

Photo by Pixabay

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